La civilización del espectáculo: ¿escapar al aburrimiento?

“¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal.”[1]

“¡Qué aburrimiento!, ¡qué masa!, comentarios que los docentes recibimos a diarios frente a nosotros o sobre nuestras espaldas. Quien piense que no está en esta categoría seguramente está en el paraíso del Dante, el Olimpo o en Valhala.

Sin llegar a las conclusiones apocalípticas de Vargas Llosas quien se siente aterrado en este mundo actual bajo los progresos de la “democratización” cultural y la pérdida de poder de las élites dominantes de intelectuales que ejercían sus apostolados incuestionables mientras cientos y miles realizaban los trabajos físicos para que ellos pudieran pensar al calor del fuego. Hoy, en cambio tenemos la posibilidad de saber más, conocer mejor nuestro entorno y explicar de manera más factible todo lo que nos sucede. Hasta la palabra del doctor es cuestionada por Google y sus respuestas.

Aun así no somos conscientes del enorme poder que nos da el conocimiento para enfrentarnos a aquellos desafíos que tenemos frente a nosotros. Una de las posibilidades nos la brinda la educación, que a diferencia de lo que dice Vargas Llosa no significa una banalización o una simple alfabetización, enseñar a pensar y razonar no es una banalización. Pero los docentes nos vemos enfrentados al desafío de que las clases son “aburridas” para nuestros estudiantes o tienen escasa relevancia. Y nadie dice que no debemos hacer algo para transformarlas en espacios más dinámicos de pensamiento cada día. Pero quien determina qué es lo aburrido y qué no. Esto lo determinan los medios de comunicación, en particular la televisión que ofrece y marca la agenda, dando la posibilidad del zapping. Mientras las clases no ofrecen esa posibilidad, es solo ese “canal” y  “esos actores”.

Generalmente hay una búsqueda a plegarse en el discurso del espectáculo, para muchos las clases deben transformase en un show, ¡hasta la planificación diaria la denominan guión! Todos protagonizamos una especie de “gran hermano”. Vuelvo a repetir no se trata de no tornar amenas las clases, pero la solución no está en transformarnos en grandes actores realizando monólogos divertidos y complacientes para nuestro público (los estudiantes y quienes nos evalúan) sino atacar y destronar el discurso alienante y enajenante que propone la sociedad del espectáculo. Este tipo de sociedad busca enmascarar detrás del aburrimiento el conocimiento realmente importante, el que muestra los verdaderos hilos que mueven el mundo. Claro, conocer esas partes del libreto no conviene a muchos,  es mejor ofrecer “pan y circo” y catalogar de aburrido la teoría de la relatividad, el “big ban”,  las guerras mundiales o la destrucción medioambiental. La gente informada y consciente es una fase en la “democratización” que no conviene demasiado a las élites dirigentes que han encontrado en estas categorizaciones una gran ayuda para mantener en la oscuridad a la masa.

Generalmente los docentes no reflexionamos sobre qué en realidad está sucediendo, pero detrás de esto se esconde un intento por alejar a las personas del acceso a la cultura. Catalogándola de “aburrida” se aseguran de que no utilizarán la rica y variada información en su contra, manteniendo así los resortes del poder. Está es una táctica muy fructífera en la educación.

Fuera de la escuela nos enfrentamos a otra táctica de no menor importancia. Al parecer estamos en una era de  información pero el manejo y el bombardeo informacional es tal que termina por no importarnos o simplemente no atendiendo a los contenidos que se nos muestran. Vivimos en un planeta que se debate entre el colapso ambiental y la guerra (diez en curso en este momento) pero requieren nuestra mayor atención las redes sociales, los dimes y diretes de personas virtuales que enmascaran su personalidad o cumplen sus fantasías siendo quienes quisieron ser y no lo lograron en la realidad. Nos ha ganado la indiferencia más absoluta y extrema ante el dolor ajeno, la televisión y sus informativos al mediodía o durante la cena han cumplido. Mientras comemos absorbemos la guerra entre palestinos e israelitas, o alguno que otro genocidio. En esto no podemos negar que los medios y sus bombardeos diarios nos han ganado. La insensibilidad campea por doquier.

Estamos ante una gran oportunidad, cumplir el sueño de los humanistas y ser más sabios y justos o ser ignorantes e indolentes. Al parecer esta última opción es una imposición que se nos impone. Pero las luchas debemos darla, en nuestro caso en el aula y cuestionar conceptos establecidos como “aburrimiento”, ser más inteligente es más aburrido, ser menos ignorante y consciente es aburrido, seguramente aburrido y peligroso es para quiénes han controlado y manejado los recursos mundiales y deben enfrentarse a una exposición pública que los desenmascara y deja en evidencia.

Si renunciamos al conocimiento estamos dejando de lado la única opción de cambio que tenemos a nuestra disposición. La indiferencia nos llevará a un mundo tutelado por algunos, incluso menos cuantitativamente que en otros lejanos tiempos, la pregunta que surge es ¿queremos seguir viviendo en el oscurantismo o pretendemos superarlo?   

[1] José Martínez Rubio (Universitat de València), “Reseña: La Civilización del Espectáculo”. Disponible en: http://revistacaracteres.net/revista/vol1n2noviembre2012/resena-la-civilizacion-del-espectaculo-de-mario-vargas-llosa/

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